Escena 1
Domingo, Marzo 29th, 2009ACTO III
Escena 1.
Entresuelo. Pol Lement sentado en la posición del Loto junto a la máquina de fotocopias, revisa uno a uno los impresos del fajo que acaba de imprimir, mientras tararea entre dientes una melodía húngara. Julio entra corriendo, las manos y el pecho y el regazo rebosantes de sangre fresca que gotea.
LEMENT: ¡Ey! ¿Te lo has pensado mejor? ¿Quieres que hagamos esas copias?
JULIO: (Agarrándole de las solapas) ¿Qué sabes de Raban? Dímelo todo.
LEMENT: (Se zafa) Tranquilo… no te pongas en plan interrogador conmigo. Esto no es ninguna película de espías, ni tú eres…
JULIO: ¡Raban! ¿Qué sabes de Raban?
LEMENT: Bien, te lo explicaré todo si te calmas, para eso estoy aquí, es mi única función. Ya ves, el resto del tiempo me lo paso sacando fotocopias para no olvidarme… en fin. Tranquilízate, siéntate. (Julio se sienta en el suelo en la misma posición que Lement) Raban. ¿Quién es Raban? Bueno, tu enemigo, eso ya no es ningún secreto para nadie. Un enemigo del que sólo sabes que quiere suplantarte.
JULIO: Sí, eso ya lo sé.
LEMENT: Correcto. Y también sabes el por qué, ¿verdad? Ya has visto el mapa de bits con el que está prometido.
JULIO: Sí, eso también lo he visto. (Se mira las manos; las limpia disimuladamente en las perneras de sus pantalones, dejando una mancha enorme.) Y como no podrá casarse nunca con un dibujo, ¡quiere acosar a mi chica!
LEMENT: Bueno, a efectos prácticos sí: como diría nuestro amigo, quiere cardarse a tu novia. Pero más técnicamente no es querer lo que quiere, sino ser querido. Déjame que te explique, esto es más una disquisición teórica que he pensado en mis ratos libres… que son muchos… digo yo que Raban se habrá cansado de tener una prometida virtual a la que nunca alcanza, que sólo está en posición de ser objeto de adoración -porque para esto la imagen virtual es de lo más efectivo, no hace falta demasiado para que un objeto pueda ser querido. Pero claro, le falta la contraparte, el feed-back, que dirían en el departamento. Un objeto nunca es capaz de amar… creo que esto lo saque de alguna película sobre clones o androides, Blade Runner o… es un tema interesante, ¿No te parece? No sé si lo sabrás, pero en el Canto XVII del Purgatorio aparece una disección analítica de la fe en Dios que podría muy bien relacionarse…
JULIO: Tengo que matarle.
LEMENT: ¡Ey! ¡Alto! Te tenía por una persona mucho más pacífica… El Julio Souto que yo conozco nunca mataría a nadie, ni siquiera aunque estuviera justificado. Por otro lado, Raban está enfermo, lo que en cierto modo le hace más merecedor de lástima que de odio.
JULIO: (sarcástico) Sí…
LEMENT: ¡Sí! Te lo estoy diciendo, está loco, enajenado. Ya te he dicho que te está suplantando.
La máquina de fotocopias se ilumina y suena escaneando. Para.
LEMENT: Ha perdido el juicio, ya no sabe quien es. Eduard Raban cree ser realmente Julio Souto y ya no distingue el verso de la prosa.
JULIO: Estará persiguiéndola… Tengo que volar allá, tengo que detenerle. (Se levanta).
LEMENT: ¡Espera! Escúchame, me parece que no lo estás entendiendo. Te está suplantando absolutamente, entiéndelo, piensa como tú, actúa como tú, incluso ha olvidado quién era Eduard Raban. Hace exactamente lo que tú harías en la misma situación.
JULIO: Por eso mismo, tiene que estar camino al aeropuerto, y yo tengo que detenerlo.
LEMENT: ¿Seguro? ¿Seguro que tú harías eso en esta situación?
JULIO: (Amenazante, apuntándole con el dedo) ¡No intentes detenerme tu también! ¡Todos queréis confundirme! ¿Quién va a conocerme mejor que yo?
LEMENT: ¡Vale! Haz lo que crees que debes. Sólo piensa por un momento esto: tú eres Julio Souto, ¿verdad?
JULIO: Sí.
LEMENT: Y, si estás tan seguro de que Eduard Raban, que piensa exactamente igual que Julio Souto, se iría inmediatamente a Portugal y no habría esperado aquí ni un segundo ¿Por qué tú, Julio Souto, no estás ahora en un avión, camino de donde sea que esté ella?
Pausa.
JULIO: ¡Porque no me dejáis en paz!
Sale corriendo por las escaleras. Lement ríe.
LEMENT: (Gritando al vacío) ¡Necesitarás tu DNI para volar! (Juega lanzando al aire todas sus copias, recogiéndolas y volviéndolas a ordenar. Ríe.)