Julio Souto lee mucho y escribe cosas.

10 Feb 2009 | por admin |

Julio Souto lee mucho y escribe cosas. Lee literatura, obviamente, pero menos de la que le gustaría: sus ocupaciones académicas le llenan la cabeza con textos de filósofos, economistas, sociólogos. De estos, los que le parecen más fructíferos son Theodore W. Adorno, Edgar Morin, Harold Bloom o Erving Goffman entre otros, aunque cuando era aun más joven le conquistó profundamente Pierre Bourdieu, más o menos en la época en la que leía apasionadamente la Rayuela de Julio Cortázar. Aunque le cautivó la creación del argentino hasta el punto de enamorarse perdidamente de La Maga, posteriormente se obligó a si mismo a abandonar su lectura constante y embebida, considerando esta renuncia un paso imprescindible para superar una etapa adolescente, afrontar retos mayores y más reales. Una especie de terrible sentimiento teleológico le impulsó en este sentido, y así se vio de repente leyendo la Divina Commedia, el Ulises y la Odisea simultáneamente, a Goethe y a Thomas Mann en sus distintas versiones del doctor Fausto. Pese a ser su género predilecto el relato, sentía que estaba llamado a hacer cosas más grandes, y así se enfrentaba sin temor a grandes novelas y dramas sublimes, y ensayaba con más decisión que estilo bocetos de grandes obras que llevaría a cabo algún día. Tenía en muy poca estima los pocos relatos que había conseguido terminar, y sus últimos textos dramáticos y ensayos estaban desastrosamente contaminados por sus ideas políticas acerca de la sociología del arte: estaba completamente enajenado rumiando como realidad y literatura se relacionan entre sí, dudaba constantemente si preferiría cambiar el mundo revolucionando la literatura, o viceversa. Su último gran proyecto -sin empezar a redactarse, sólo innumeras notas sueltas y recortes de internet- era un complejo artificio metaliterario sobre un historiador y un periodista en el Sahara Occidental, con la perspectiva del Choque/Alianza de Civilizaciones como telón de fondo. Leyendo a Pirandello, a Bolaño, a Mia Couto y al mismo Pierre Bourdieu, creía que no estaba desencaminado de acuerdo con la dinámica natural de la materia, y el imperativo ético del escritor se presentaba como un tema totalmente relevante capaz de trasformar simultáneamente mundo y arte.

Todo esto…

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